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O todos coludos, o todos rabones

 
Los encapuchados olvidados

Al justificar estúpidas medidas represivas, Bachelet y Alvear pisotean la memoria de los que arriesgaban la vida en su lucha contra la dictadura, mientras otros vivían un cómodo exilio

Diego E Barahona Peña, profesor, Richmond BC, Canadá
(29/05/06) El Gran Valparaiso

POLÍTICAS DE SEXO femenino y de gran figuración mediática han lanzado con singular entusiasmo propuestas de carácter represivo contra quienes protestan contra las bondades del modelo y se defienden de la agresión de los pacos.

La primera piedra la lanzó la frustrada candidata de la DC a la Presidencia de la República, doña Soledad Alvear, quien propuso una ley que prohíba a cualquier persona, léase estudiante, taparse la cara en las manifestaciones.

A los pocos días la respaldó Michelle Bachelet, quien declaró solemnemente que la democracia de la que gozamos los chilenos "se ganó a rostro descubierto sin máscaras”. Craso error.

Ambas mujeres políticas parecen haber olvidado que en el largo empeño por terminar con la dictadura, los que se arriesgaron en la lucha callejera se tapaban la cara por razones obvias. Nos estamos refiriendo, claro, a los que le hicieron el trabajo difícil a los políticos que daban órdenes y hacían declaraciones desde su cómodo y seguro exilio, quienes recogieron los frutos de esta lucha. Son los mismos que continúan ahora usufructuando, en bien pagados cargos, de los resultados de las luchas callejeras de los 80 y que se olvidaron por completo de aquellos que se las jugaron por sacar del Gobierno al tirano, sus secuaces y los milicos.

Como dice la leyenda, el pago de Chile.

Propongo que si se aprueba una ley de las características que propone Soledad Alvear, apliquemos el dicho de "o todos coludos o todos rabones" y se prohíban las máscaras de los valientes carabineros cuando se entrenan atacando a los secundarios en su lucha por una educación decente y gratis, una educación no clasista.

El afán de prohibir el uso de capuchas o taparse la cara es una imbecilidad que no va a impedir que los secundarios u otros grupos descontentos sigan protestando en las calles. Ellos no se van a arriesgar a que las estaciones de la mediocre TV chilena empiecen a trabajar de soplones de los pacos, así como descubrieron a la señora de la mesa, que fue conocida en todo Chile por robarse un pequeño mueble desde una sucursal bancaria.

Finalmente, Soledad Alvear debería preocuparse de cómo hacer una universidad universal. Sería muy interesante que volviera una mirada a México, donde existe la Universidad Nacional Autónoma, la única universidad latinoamericana entre las cien mejores del mundo, con una población de más de cien mil estudiantes y donde la educación es gratuita para todos los mexicanos y extranjeros que hayan vivido al menos cuatro años en el país.

En vez de proponer estupideces, propongamos una prueba gratuita de ingreso a la universidad, el pago de un arancel acorde con el respectivo ingreso familiar y becas de estudios para aquellos que lo necesiten y sean buenos alumnos. Usemos los dineros del sobreprecio del cobre y apliquemos un royalty como aquel que se aplica en Canadá a las extracciones del mineral. Para eso fueron elegidos diputados y senadores, no para hacerse notar hablando cabezas de pescado.

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