Blogia
diegobarahona
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Los Ojos del Viejo ---- A Letter Home

 Los Ojos del Viejo

Los ojos del viejo me vienen a la memoria en estas fechas, ¿nunca te diste cuenta que para los años nuevos los ojos de mi padre lucían diferentes? Eran más expresivos, como si esperaba algo nuevo del año que venia. Como que el nuevo año significara algo mejor para todos, un cambio sustancial que nunca en realidad llego. Eran en cierta forma ojos de esperanza. 

Cada año nuevo me acuerdo de los fines de año que pasábamos en casa, por allá por la calle Franklin, cada año me acuerdo de mi viejo, y cada año veo sus ojos arriba de ese cuello porfiado que nunca permanecía derecho, siempre con la tendencia a doblarse y curvarse hacia arriba, junto a nuestra abuelita la que captaba de manera diferente el momento. Para la jefa no tengo ningún recuerdo en especial para ese día, salvo que andaba corriendo mas deprisa esperando las doce y sacándose el delantal para poder darnos el abrazo. Para mi no significaba mas que empezar un nuevo año. Cuando pequeño la espera me mareaba y veía manchitas en el aire como cuando a algún viejo le baja la presión repentinamente, son unas lucecitas como luciérnagas que se mueven en el aire. Mas tarde pasábamos a la mesa a dar de baja lo que mama siempre reparaba con esmero. 

En otras oportunidades, y bastante frecuente como lo permitían las distancias de 365 días, íbamos a San Bernardo y la cosa se ponía mas animada con parientes-amigos de allá, a las doce mi hermana y mi prima se ponían a comer doce uvas, una por cada mes del año.  Pero en cada año nuevo, no importa donde, si en la casa o en San Bernardo, los ojitos de mi Papa relucían de una forma especial.

A lo mejor pensaba “Este año voy a encontrar una solución a mi salud “ o bien, “Este año me saco el Gordo y le daré a la familia todo lo que siempre he deseado para ellos”. Quien sabe, pero que brillaban, brillaban en forma especial Con el paso del tiempo, al final de los años de liceo y los primeros en la Universidad, después de la llegada del año nuevo salía de parranda con algún amigo sin rumbo fijo, en mas de una oportunidad caímos por San Bernardo, y en otras quien sabe como gastábamos las primeras horas del nuevo año que traía la misma rutina que la del anterior. Pero el momento de las doce, el se ponía nervioso y empezaba a estirarse el pantalón y cambiaban sus ojos por aquellos expresivos de que ahora si se le cumplirían sus deseos 

Solo un Año recuerdo con tristeza, y fue cuando a la Jefa le salió lo Peña y se enojo porque el viejo pregunto por algo sin importancia pero lo suficiente para que la tristeza, frustraciones, impotencia que se había guardado durante un año saliera para fuera con toda la rabia que ella sabia acumular y contener, y lo Peñita,  mezclada con la sangre araucana que nos trasmitió, salió a relucir y ese año no hubieron abrazos y no se sirvió la comida y los ojos del viejo se apagaron. Temprano, antes de las doce salí de la casa a rodar  no recuerdo con que dirección, pero con los ojos apagados que acababa de dejar rondándome toda la noche, y persiguiéndome hasta estos días. 

La otra expresión que conocimos muy bien era cuando llegaba a la casa con el sombrero echado 1/4 de cm. hacia atrás. Nos cruzábamos una mirada, y nos entendíamos, lo que era imperceptible para la gente común, para nosotros dos, era la señal inequívoca que se había echado una canita al aire con algún viejo amigo. Venia contento, sabiendo que todo había terminado ese día pero con ganas de perdurarlo unos minutos más. Los ojos tenían otra expresión diferente, no eran de año nuevo, eran de alegría y de culpabilidad, de que podía empezar una pelea, o que amenazara con que iba a salir. Pero también eran ojos de camorra. Yo creo que lo conocimos mejor por sus ojos que por sus sentimientos, al fin y al cabo sus ojos eran sus sentimientos abiertos a nosotros, sus ojos traicionaban sus emociones y por sus ojos sabíamos si estaba contento, triste, con trago, excitado como en año nuevo.  

Esos ojos me han perseguido por años y anoche al empezar el milenio en una tierra extraña, como todas las que he pasado desde 1974, los ojos del viejo estuvieron conmigo desde antes de las doce hasta que me dormí, pensando también que a lo mejor este año nos traerá a todos algún cambio profundo que romperá la barrera de la monotonía y de la nostalgia, que me decidiré a volver a la tierra, lo cual es un imposible,  me dormí como mi papa con la esperanza de que ahora si va a ser diferente. Al fin la esperanza es lo último que se pierde.    

  A  Letter Home 

The eyes of the old man come to me during these times. Did you ever notice how on New Year’s Day the eyes of my father looked different? They were more expressive, as he was expecting something out of the New Year. As if it meant something better for all of us, a substantial change that never came. In a way, they were eyes of hope. 

Every New Year I think in the New Years we spent back home, in Franklin St. Every New Year I think of the old man and see his eyes above that stubborn neck that would never stay straight, always with the tendency to bend and curve upwards. I have no particular memories of Mom during those years, except for images of her running, waiting for midnight, and removing her apron so she could huge us.. For me, it only meant the beginning of the year. When I was a child, the waiting would made me dizzy, and I would see spots in the air;  the way it happens to old people when their blood pressure drops suddenly, I would see these little lights like fireflies moving in the air. Later we would move to the table and devour that Mom has prepared with care. 

There were other times – as frequently as a distance of 365 days would allow – we would go to San Bernardo and things would get animated with family members and friends. At midnight my sister and our cousin would eat 12 grapes, one for each month of the year. But every New Year , it doesn’t matter where, the eyes of Dad would shine in a special manner.  

With the years, as was finishing high school and starting university, I would go partying with some friend after New Year, without a set destination, and more than once we would end up in San Bernardo, spending the first hour in an uncertain manner, not knowing if the New Year would bring the same routine as the old year. 

But for the moment of midnight, he would get nervous, stretching his pants, and changing his eyes for the expressive one, hoping that maybe then his wishes would come true. 

There is only one year that I remember with sadness, and it was the year when Mom get angry because the old man asked something that didn’t matter but was enough to bring up the sadness and the frustration that had piled up throughout the year. That year there were no hugs, and the food was not served, and the eyes of the old man shut down. Early that night, before midnight, I went out and rolled aimless, but with the shut eyes that I left at home, surrounding me for the rest of the night and for the rest of my life. 

The other expression that we new well was he would come home, with his hat tilted to the back. With my sister, our eyes would cross, and we’d understand. What was imperceptible to others, to us was the unmistakable sign that he has been drinking with an old friend. He would be happy, certain that everything has ended that day, but still wanting to outlast for a few moments longer.

These eyes had a different expression; there were not to the New Year, but of happiness and guilt, knowing that maybe a fight could start. But they were also feisty eyes. I think we knew him well for his eyes than his feelings. In the end, his eyes were his feelings, open to us. His eyes would betray his feelings and through them we would know if he was very happy, sad, or exited in the New Year. Those eyes have followed me for years; last night as we start the New Year in a strange land, like every other year since 1974, the eyes of the old man were with me from before midnight until I went to sleep. I was thinking too that maybe this year would bring us all some profound change to break this wall of monotony and nostalgia, that maybe this year I would make up my mind to return to my land, knowing in the impossibility of the idea. I fell asleep like dad, with hope that maybe this year things would be different. In the end, hope is the last thing that dies.  

December 1999

December 2006

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

1 comentario

Creative Recreation -

You introduction is detail, thank you so much material, but why do not you present some reference pics?
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres